Cuentos de Navidad con Teo.
2. Noir
Hoy es Navidad, me había escaqueado de pasear a Teo por la mañana temprano.
En una hora teníamos que ir a comer a casa de mi suegra. Ella tiene un gato, y Teo no es precisamente bienvenido. Así que toca pasearlo antes de ir a la comida.
Mientras paseaba a Teo,por un parque cercano a casa, iba recordando las ostras con cava que como aperitivo abrían las pantagruélicas comidas de Navidad de cuando era joven. Hoy serían unos buenos centollos.
Me detuve en el alto del parque, desde donde se puede observar, allí a lo lejos, el mar. Y por eso le llamo a esta pequeña terraza entre arboles: "plaza trocito de mar".
Allí estaba yo, con un par más de perros y sus paseantes. Veo llegar por uno de los caminos de tierra que acaban en esta plaza a una señora elegante, de unos 75 años, muy atractiva. Intenta acariciar a Teo, algo casi imposible porque no para de moverse. Su cara se llena de alegría al ver juguetear a los demás perros.
- Están llenos de vida; nos dice y continua hablando.
- Es fantástico verles correr, jugar, y te dan tanta compañía.
La miré, más detenidamente. Parecía una de esas abuelas activas, con buena conversación, que te miraba a los ojos, acompañando sus palabras con ternura y curiosidad.
- Parece que le gustan los perros, le pregunté.
Su cara se transformó de nuevo.
- Mucho, mucho.
- No tiene uno, le dije
- Tenía, pero murió poco antes del verano. Pobre, ya estaba viejecito,
- Y no piensa en tener otro.
- No lo sé, quizás. Me respondió. No adiviné si estaba haciendo luto por su perro, o si su situación actual hacía complicado cuidar una nueva mascota.
- Como se llamaba, le pregunté
- Noir, era un Terrier, se parecía a ese, y me señaló uno de los perros que jugueteaban alrededor de Teo.
- Venía mucho a este parque, no me queda cerca, pero me gusta mucho y nunca faltaba los días festivos y señalados. Después de tantas años juntos, serán las primeras navidades sin él.
Por un momento no sabía si era viuda y me estaba hablando de su marido o si de verdad hablaba de su Noir. Pero contaba su historia de tal manera que no sonaba triste, si acaso melancólica. Rescatando el pasado con las palabras.
Estuvimos hablando de perros y escuché con atención y cariño sus anécdotas perrunas.
Al cabo de un buen rato, siguió su camino. La vi de lejos bajar las escaleras del parque, de camino, igual que yo, a su comida de navidad.
Tomé el camino a casa tarareando, Dios sabe el pórque: "Vivir así es Morir de Amor" de Camilo Sexto, mientras pensaba en la magia de Noir, paseando, sin estar, a su dueña por el parque el día de Navidad.
Nota: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia
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