lunes, 16 de septiembre de 2019

Señor y Perro, de Thomas Mann



En mi interés por leer libros donde los perros son los protagonistas, he leído este verano "Señor y Perro" de Thomas Mann, premio nobel de literatura en 1929 y autor de "Muerte en Venecia".
Me enteré de casualidad de la existencia de este relato corto, fue a través del libro de su hijo Klaus Mann en su libro "Cambio de rumbo".
Señor y perro es una descripción de la relación del escritor con su perro de nombre Bauschan y raza perdiguero alemán de pelo corto. Empezando a leerlo la descripción que hace de su perro es un ejercicio literario de poner en palabras una foto, una palabra vale más que mil imágenes:
"Que bueno es Bauschan, cuando levanta hacia mi su mirada llena de concentrada devoción".

Descubro en el comportamiento de Bauschan, similitudes con Teo:
 - "Pero en cuanto me siento en un banco, allí está él enseguida, instalado a mis pies. Pues es una ley de su vida el correr únicamente cuando me ve en movimiento, para mantenerse quieto tan pronto como adopto una actitud de reposo".
 - "Por encima de la percha, valla o del bastón no saltará; pasará corriendo por debajo, aunque lo mates. Cien veces te pedirá que lo perdones, que seas indulgente, que tengas compasión, pues teme al dolor, le tema hasta la cobardía; pero no habrá miedo ni dolor capaces de obligarle a realizar una acción, que, aunque desde el punto de vista corporal sería un juego de niños, representa para él una imposibilidad moral."
 - "... me comunica el calor febril de su cuerpo. Gozo y simpatía mueven mi pecho, como siempre me ocurre en su compañía, cuando lo contemplo"

Tras la descripción de Bauschan, cuenta como lo adquirieron, y sobre su carácter.
Habla también largo y tendido sobre el encuentro con otros perros:
"el encuentro al aire libre de dos perros que no se conocen constituye uno de los espectáculos más penosos, excitantes y fatales que cabe imaginar, pues tiene algo de demoníaco y singular."
Habla sobre la forma en que Bauschan reacciona al oir su nombre: "El sonido que significa para él más que otro cualquiera, porque lo designa a él mismo, y por eso ejerce sobre todo sus ser un efecto electrizante; espoleo y enciendo su conciencia del yo al asegurarle y darle a entender, al repetirlo con entonaciones diferentes, que él se llama y es Bauschan y...."

La ultima parte del relato es para mi más aburrida, describe los paseos por el bosque y la actitud para la caza de Bauschan. También se detiene durante muchas páginas describiendo el periodo en que Bauschan está enfermo en la clínica veterinaria.
Sin duda las descripciones son profusas, detalladas y en algunos puntos deliciosas, pero sin un hilo argumental, pierden en cierta manera el suspense de la lectura.

Tras esta lectura, he visto retratado a nuestro perro Teo y la relación con él; Son muchas las escenas que Mann describe con detalle, precisión y acierto. Y en esa sencilla lectura, tú te sientes él.

Descubro en interent que en la zona por donde paseaba Mann con Bauschan, existe una escultura a escala natural de los dos. Curioso, Quizás Thomas Mann no tenga ninguna escultura donde aparezca escribiendo, pero si una, donde comparte un paseo con Bauschan.
Bauschan es sin duda el perro al que más aprecio Thomas Mann de todos los que tuvo, aunque solo estuvo 4 años con él, al morir de una especie de moquillo.
Parece que el nombre provenía de la trasformación del nombre Bastian.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Hinojo




Acabo de hacer uno de los primeros paseos por Collserola con Teo, La potente lluvia de ayer ha dejado la montaña fresca y húmeda, y el paseo a primera hora de la mañana es un baño de frescor en un verano que se termina.
Me ha llamado la atención que una planta a conquistado la zona baja no arbolada de la collserola. Es el hinojo o anís que se ha convertido en flor, solo tocarlo desprende un olor dulce y anisado. Lo invade todo con su media altura y sus flores de amarillo pálido.
Curiosamente este verano he descubierto y aprendido sobre el hinojo marino (Crithmun maritimum)  muy oloroso, parecido al apio y ahora el hinojo silvestre o anis (Fenoll en Catalá, fíuncho en Gallego, foeniculum vulgare es el nombre científico).
Del anis se aprovecha todo para infusiones, ensaladas, aromatizante para asados, etc. Es de la misma familia que el apio y el perejil. También podemos limpiarnos los dientes con sus tallos usando su fibra como cepillo y su sabor para el aliento, y en caso de sed, masticar sus tallos que tienen agua y su sabor quita la sed.
También se aprovecha el bulbo de la raíz, aunque el que se comercializa es el hinojo florentino.
El anís estrellado, que es propio de china, es otra especie que tiene un sabor parecido y de ahí su nombre.

Y mientras bajaba ya hacia casa, con Teo correteando camino arriba, camino abajo, siempre buscándome, me rodean los almendros que inundan está zona del camino en la subida desde CosmoCaixa, me miran en esta mañana nublada y fresca llenos de almendras y ya escasos de hoja. Recordé una preciosa estrofa de la letra de una milonga centenaria "Que bonita que es mi niña":
"Y los almendros lloraban y los, almendros lloraban de su, infinita alegría"