Me ha llamado la atención que una planta a conquistado la zona baja no arbolada de la collserola. Es el hinojo o anís que se ha convertido en flor, solo tocarlo desprende un olor dulce y anisado. Lo invade todo con su media altura y sus flores de amarillo pálido.
Curiosamente este verano he descubierto y aprendido sobre el hinojo marino (Crithmun maritimum) muy oloroso, parecido al apio y ahora el hinojo silvestre o anis (Fenoll en Catalá, fíuncho en Gallego, foeniculum vulgare es el nombre científico).
Del anis se aprovecha todo para infusiones, ensaladas, aromatizante para asados, etc. Es de la misma familia que el apio y el perejil. También podemos limpiarnos los dientes con sus tallos usando su fibra como cepillo y su sabor para el aliento, y en caso de sed, masticar sus tallos que tienen agua y su sabor quita la sed.También se aprovecha el bulbo de la raíz, aunque el que se comercializa es el hinojo florentino.
El anís estrellado, que es propio de china, es otra especie que tiene un sabor parecido y de ahí su nombre.
Y mientras bajaba ya hacia casa, con Teo correteando camino arriba, camino abajo, siempre buscándome, me rodean los almendros que inundan está zona del camino en la subida desde CosmoCaixa, me miran en esta mañana nublada y fresca llenos de almendras y ya escasos de hoja. Recordé una preciosa estrofa de la letra de una milonga centenaria "Que bonita que es mi niña":
"Y los almendros lloraban y los, almendros lloraban de su, infinita alegría"


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