Mucho antes de que Teo llegara a casa, más de un año, vi en facebook el título de un libro que me llamó la atención: "El perro que paseaba a su amo" de John Zeaman, un critico de arte neoyorquino que a raíz de comprarse un perro, cambia su día a día incluyendo largos paseos con su perro en el que descubre su barrio y zonas adyacentes. En el libro describe los paseos y todos estos lugares así como compañeros de salidas. La verdad es que no llegué a acabar el libro, quizás si yo fuera neoyorquino, o el barcelonés, hubiera aumentado mi interés.
A raíz de la llegada de Teo, un amigo periodista de mi mujer, le regaló un libro: "Mis amores y otros animales" de Paolo Maurensig, afamado escritor italiano de novelas. Antes de irnos de vacaciones hace apenas 2 semanas, le robé el libro que tenía abandonado en su mesilla. El libro describe en amenos relatos cortos historias propias y ajenas de perros y gatos, he de decir que las de los gatos me las salté. El caso es que disfrutando de la cárcel de libertad total de un barco de vela, "Precious Elli", por las islas Esporades, aproveché un momento en que estábamos todos juntos en la bañera a la sombra del bímini a punto de hacer un aperitivo, para empezar a leer un cuento indio que incluía el libro. Mi sorpresa fue que acompañado del ruido de las cigarras intensamente avivado por el calor, y del frescor del chapoteo del agua en las rocas que teníamos en nuestra popa, mi lectura conquistó sus oidos. Acabé el cuento y pidieron más. Uno tras otro, íbamos escuchando los relatos, sin que me dejaran una pausa reparadora. Llegué al final en el que Joyce, su perro moría, alguna lagrimita acompañó el relato.
Teo estaba lejos nuestra en "una casa de colonias para perros" cercana al aeropuerto del Prat. Sin estar estuvo, y nos regaló un momento de recuerdo para toda la vida, aunque quizás los relatos ya los hayamos olvidado, esa cala en la deshabitada isla de Peristera quedará unida a este recuerdo.

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