Hoy domingo, he ido a pasear por la Collserola, un largo paseo desde el museo de la ciencia hasta el otro lado de la montaña, pequeño descanso en la font del Canet y vuelta hasta casa andando. Sin coche, con el que acercarme a la montaña, fueron casi 3 horitas.
Aproveché la escursión para saludar a una pareja amigos de mi mujer, que viven en Vallvidrera, en la parte alta de la Collserola, cuyo perro, de nombre Sam, tuvieron que sacrificar la pasada semana. La edad y los tumores hacían aconsejable sacrificarlo en lugar de mantenerlo con vida sufriendo.
- Lo siento Javier, ¿ya superado?, le dije, dándole un abrazo.
- Que va, que va. Es muy duro. Son muchos años.
- Todavía no nos hemos acostumbrado.
- Lo siento Javier, ¿ya superado?, le dije, dándole un abrazo.
- Que va, que va. Es muy duro. Son muchos años.
- Todavía no nos hemos acostumbrado.
Le conté la historia de la muerte del perro de mi padre, "BRISA": Ya estaba muy mayor y casi ciego, y mi padre en un descuido, saliendo del parking con el coche, lo atropelló y mató sin darse cuenta.
- Nunca lloré tanto con Brisa muerto en mis brazos como lo hice ese día.
Me cuenta siempre mi padre.
Brisa está enterrado en el jardín a pocos metros de donde murió.
- Nunca lloré tanto con Brisa muerto en mis brazos como lo hice ese día.
Me cuenta siempre mi padre.
Brisa está enterrado en el jardín a pocos metros de donde murió.
Y no es la única historia, la vida de los perros, mucho más corta que la nuestra, da pie a vivir muchas pérdidas y despedidas.
- Tenía solo 2 años cogió una enfermedad rara y quizás estuve mal asesorada, pero al final murió. Lo pasé tan mal, que esperaré unos años para volver a tener otra.
Me decía una madre del cole de mi hija con la que estuve hablando la semana pasada a raiz de que me vio con Teo, y yo le pregunté por su perra.
Me decía una madre del cole de mi hija con la que estuve hablando la semana pasada a raiz de que me vio con Teo, y yo le pregunté por su perra.
Mientras Teo bebia en la manguera del jardín comentabamos estas y otras historias y de como puedes extrañar más a un animal que a las personas.
También recordábamos que dos semanas antes, habíamos recorrido un largo paseo juntos. Fue uno de los últimos de Sam. Fuimos ambas parejas acompañados de nuestro exultante Teo, saboreando con impetu toda la montaña que rodeaba el camino, y Sam, cojo y renqueante, pero constante, al lado de Javier, apegándose a la vida de la misma manera que al pie de su amo.
También recordábamos que dos semanas antes, habíamos recorrido un largo paseo juntos. Fue uno de los últimos de Sam. Fuimos ambas parejas acompañados de nuestro exultante Teo, saboreando con impetu toda la montaña que rodeaba el camino, y Sam, cojo y renqueante, pero constante, al lado de Javier, apegándose a la vida de la misma manera que al pie de su amo.
Tras hablar de otras cosas, relacionadas también con las despedidas, me acompañaron un tramo en el reinicio de mi camino por Collserola.
Creo que estaban tristes de oirme llamar a Teo, echabando de menos gritar en alto: "Sam"
Creo que estaban tristes de oirme llamar a Teo, echabando de menos gritar en alto: "Sam"

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