Ayer mientras volvia de navegar a ultima hora de una tarde encapotada donde las nubes eran dueñas juguetonas del viento, vi, a pocos metros de mí, una bandada de patos negros volando muy bajo, casi tocando su superficie alboratada. Volaban a contraviento, hacia el sur, en formación de flecha. Me paré y con la vela flameando me quedé un buen rato contemplándolos.
Luego de camino a casa, pensaba que Teo y el barco, tienen algo en común, son un vehículo para apartarse del resto de cosas que nos rodean y sobre todo para acercarnos a la naturaleza. Conozco la Collserola bastante bien, de rodar y correr por ella durante años y años, pero Teo me da y nos da la posibilidad de coger aquel camino por el que nunca fuimos, ese pequeño montículo, que por pequeño, hemos dado por visto, atajos, o monte sin camino... El ritmo del paseo permite mirar para observar, y empiezas a percibir tu alrededor con una nueva intensidad.
Arboles, piedras, pájaros marcados por Teo, jabalies, insectos... o una vista al paisaje. Tambien es verdad que así como navegando estás pendiente del barco, de sus movimientos, de su puesta a punto, tambien la atención del paseo está en observar a Teo su elegancia en el correr, su ansia por recorrerlo todo, sus saltos cada vez más ágiles, y tambien en forzarle a estar siempre mentalmente dispuesto a nuestras ordenes: ven Teo, sube, busca.....
Pero esa parte del paseo, o de la navegada, de pequeños instantes sorprendentes de placer contemplativo de la naturaleza, nos acercan a lo más produndo de nosotros mismos, Quizás Teo y el barco sean ese WIFI que tanto necesitamos, para conectarnos con el interior de nosotros mismos, y usar esa aplicacion llamada "espiritualidad".

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