martes, 21 de noviembre de 2017

Por pelos de perros


Volvía del paseo con Teo. Hice la foto con prisa porque el semáforo se ponía en verde. allí en este bajo una chica con una melena teñida de azul intenso pasaba con delicadeza el secador por encima de un perro, quizás un caniche. En la foto no se aprecia pero mientras lo contemplaba observé el esmero y concentración con que la cuidadora pasaba su mano por encima del lomo del perro a la vez que con el secador iba levantando sus pelos. Imposible no sentir envidia del caniche.
Gracias a Dios, Teo, que no sé si contempló esta imagen, no habrá sentido ninguna envidia de él; ellos están por otras cosas. De todas formas, entre toda nuestra familia nos apañamos, para de vez en cuando, ducharlo y lavarlo en la terraza, cepillarle muy de vez en cuando y quitarle los nudos que sus largos pelos suelen formar, concretándose, muchas veces, en unas pelotas peludas que solo cortándolas se pueden quitar.
Teo tiene un pelo largo, y como a todos le cae, y ya nada en nuestra vida está exento de que algún pelo de Teo nos acompañe. La aspiradora de casa se atora con ellos, y los lavados de la ropa no pueden con ellos. Eso si su pelo largo y lacio es agradable de acariciar.
Cada perro tiene un pelo diferente y probablemente nos acostumbramos a él, tocándolo con más mino y satisfacción que cualquier otra piel humana que no sea la nuestra.

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