martes, 16 de julio de 2019

μετάνοια


Lunes, 19:30 de la tarde, hacia tiempo que no iba al parque Monteroles, pero Teo necesitaba urgente una salida. Un poco a regañadientes, cogí la correa, la cantimplora con agua para los pipis, y tres bolsas de plástico para las cacas.
En cinco minutos estaba ya dando vueltas por el parque. Tras un par de vueltas, Veo que Teo sale lanzado por el camino circular del parque, y lo pierdo de vista. Cuando lo alcancé en la siguiente plaza donde hay una canasta de tenis, Teo estaba jugando con un perro enano, delgado pero proporcionado, de movimientos repentinos e impulsivos, muy vital, y de piel lisa color gris.. Al lado estaba una chica joven, de aspecto jovial, vestida de blanco. Me pregunta:
 - ¿Es Teo, no?
 - Sí, le digo
 - Soy amiga de tu hijo.
 - Ah, ya me parecía que Teo debía conocer a tu perro, por la velocidad que salió para ir a buscarlo.
Estuvimos hablando un buen rato. Precisamente mi hijo acababa de estar en su 18 cumpleaños el sábado anterior, y por lo que me contó tuvo suerte de que no la vomitara encima.
Estuve hablando un buen rato. Su perra Clara, era un galgo enano, pero por lo visto, Clara era más enano de lo normal. La verdad es que era una perra graciosa que no dejaba de intentar jugar con Teo, que solo se dejaba a ratos.
En 20 minutos se unieron al grupo un chico y una chica, ambos entre 20 y 30 años. Y sin darnos cuenta estábamos enzarzados en una conversación cruzada. El chico tenía una perra Bretona, raza con cierto parecido a Teo, pero más pequeño, no recuerdo su nombre. La chica tenía otra perra de acogida mezcla de galgo y Border Coli. Lo había visto por internet, se enamoró de él, haciéndolo traer desde Córdoba.
La chica era habladora y si tienes un perro tienes un tema inacabable.
Su perra se llamaba Indiana. Algo dije yo sobre el rabo de los perros y ella, italiana con un castellano perfecto con cierto acento, comentó que había leído que la mirada de los perros había evolucionado de tal manera que trasmitían una cierta tristeza para conquistar el cuidado de los humanos. Yo comenté que acababa de ver un programa sobre los gatos en Estambul, y el documental empezaba diciendo:
"Dicen que los gatos saben que Dios existe, pero los perros no. Dicen que los perros piensan que los humanos son como Dioses, pero los gatos no, y además saben que los humamos no somos superiores".
Al cabo de un buen rato, le pregunté:
 - Que quiere decir esa palabra que llevas tatuada en el brazo, ¿parece griega?
 - Sí, me llegó a través de un libro que leí. Significa arrepentimiento, pero no en el sentido de simple excusa o liberación de la culpa, sino en un ámbito más profundo de cambio visceral en la forma de vivir. Una vuelta del camino, un regreso, cuando te das cuenta que el camino emprendido no te lleva a ninguna parte. Una acción que requiere tiempo, esfuerzo y ejercicio y que se hace con paciencia en el día a día. Metanoeo es como un cambio de mente, de conducta, de perspectiva de actitud.

Me quedé un poco perplejo, acababa de conocerla y estaba en cierto modo mostrándome parte de su alma.
No necesité preguntarle. Me explicó que había estado 5 años en Londres, que esa experiencia a nivel laboral le había dado mucho, pero que a nivel humano lo había vivido como un retroceso. De ahí el tatuaje y su cambio a Barcelona que había vivido como muy buena, aunque  y en dos semanas emprendía un traslado a Roma para un nuevo proyecto. Estaba contenta porque había encontrado un apartamento con una pequeña terraza, buscando sobre todo un lugar donde Indiana, se sintiera bien y estuviera cerca de su nuevo trabajo. Si los precios en Barcelona son altos, Roma los supera.
Me quedé ahí, hablamos de otras cosas y al rato me tuve que ir.
Me quedé con una pieza del puzzle e imaginaba el resto de la imagen donde esa pieza debía encajar en un ejercicio de imaginación que siempre me ha parecido mágico y excitante.
Le pedí si podía hacerle una foto a su tatuaje y me despedí:

 - Adios Indiana!

Sin decírselo le deseé una feliz etapa en Roma y me llevé conmigo esa palabra que pocos nos atrevemos a pronunciar ante situaciones o etapas erróneas en nuestra vida. Metanoeo!

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