miércoles, 21 de junio de 2017

La primavera



Se me ocurre escribir de la primavera el primer día del verano, en un solsticio abrasador.
Si he de poner nombre a esta primavera, que hoy se ha ido, se ha de llamar Teo: Nuestros paseos matinales, casi diarios, con sol, nubes o lluvia, fresquitos o calurosos, rápidos o lentos, de subida o planos, todos ellos por la zona de la Collserola más cercana a mi casa, entre los picos del Tibidabo y Sant Pere Martir, He recogido espárragos. He llenado a menudo los jarrones del salón con margaritas. He descubierto pequeños senderos y caminos, incluso una fuente a la que nunca había ido. He disfrutado de ver a Teo correr y saltar, mostrándose siempre incansable. He compartido algún paseo con otros perros y sus propietarios, He tenido encuentros casuales con conocidos casi olvidados y ya en el verano, empiezo a notar que mis pasos se hacen firmes y mi cabeza empieza a olvidar que estrena cadera en forma de prótesis.

La primavera me ha hecho sentir el poder del sol y del agua, haciendo explotar el verde, y salpicando de infinitos colores la montaña. He sentido cada día diferente el mismo camino, quizás sea eso vivir.
He descubierto los cantos de los pájaros, a los que nunca les he prestado mucha atención, sin embargo Teo me ha enseñado a buscarlos entre las ramas de los arboles, en una tarea muchas veces imposible y sus diferentes cantos han sido como marcas del camino,

He retomado el placer de pararme, coger una flor, olerla, y desmenuzarla entre mis dedos. De contemplar árboles centenarios. Los días de paseos con compañía, escuchar una conversación, mirando solo el camino, y sintiendo el regalo de una historia contada con paso firme.

Teo ha sido mi primavera, mi disciplina matinal, mi compañero siempre atento a mi paso, mi nexo a la realidad cuando tras un pensamientos ido, retorno al camino y no lo veo. Le llamo: "TEO".

El calor de estos días ha secado las verdes pasiones primaverales dejando una maleza de semillas. Caminos polvorientos y donde ya solo los últimos amarillos de las "ginestas" dan color a un verde mortecino que se convierte en marrón .

La memoria siempre grava momentos que no elegimos, y el teléfono móvil los que nosotros decidimos, entre ellos elegí este vídeo. Ese día soplaba fuerte el poniente y todas las ramas de arboles y arbustos querían imponer sus susurros. ya volviendo a casa por un camino lleno de margaritas, me quedé mirando como las rachas de viento las zarandeaban formando olas amarillas, en mi cabeza marinera ya azules.

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