miércoles, 2 de octubre de 2019

Príapo


- Sabes, hay dos miembros que envidio de tu fisonomía: El rabo y el pene.
Le hablaba a Teo para mis adentros paseando con él por una Collserola de inicio otoñal: Últimas moras resecas y dulces. Higos de piel blanca y negra que en boca son miel, y me convierten en niño travieso escalando quebradizas ramas. Almendras casi todas amargas de abandono, como los humanos. Sensuales madroños cuya textura de piel granulada y dulce pulpa de semillas invitan a cerrar los ojos e imaginar. Moras, higos, madroños, almendras, olor de hinojo inundando el borde de todos los caminos, y suaves colas de zorro que las gramíneas salvajes regalan a la piel... el otoño es caricia de mujer madura.
- Sí Teo, El rabo porque envidio poder hablar tan claro como tú lo haces con él, y el pene porque no te falla nunca. Lo que para nosotros es carne sedienta de sangre que nos deja la cabeza sin ideas y a veces sin cariño, para ti es un sencillo hueso, tu "báculo", tu "os penis", incluso lo llaman hueso de Príato, Dios de la fertilidad griega.
- Sí Teo, casi todos los mamíferos disponen de él: ¿porque Dios se lo robo a Adán o la evolución al homo sapiens?
Teo parece oírme y se acerca moviendo alegremente el rabo y pasando entre mis piernas.
- La vejez nos va hurtando la palabra y el riego sanguíneo... y nosotros sin rabo y sin hueso de Príato.
- Corre Teo, corre!. Y no dejes... de hablar!!!