sábado, 6 de enero de 2018

Teo, hemos vuelto!


Del aeropuerto a la huerta del Prat... entre alcachofas ya hechas y a medio hacer, Teo corre y corre y corre porque no sabe gestionar de otra forma la felicidad de vernos de nuevo.
A su manera nos echó de menos en una maravilla de perrera del Prat en medio de la huerta.

Ya en Barcelona, Egipto nos levanta a las 6 de la mañana entre sueños empapados de Nilo y de piedras. Nubes y lluvia en lugar de un amanecer con sol.
- Teo, allí donde estábamos no vimos a ningún perro con correa. Ni en El Cairo, ni en el Nilo. Allí los perros forman parte del paisaje. Libres, delgados como tú. Un poco desconfiados no se dejan acariciar fácilmente. Parecen no tener dueño. Con la mitad de tu talla saltan el doble que tú para mantenerse en equilibrio en el borde de un container de basura, para luego tirarse dentro en busca de un banquete que tú solo olerías.
- Teo, en el Nilo, los perros estás en la orillas, por todas partes, tu serías un señoritingo, porque todos son palleiros, (callejeros), dóciles, y sus ladridos suenan a saludo de niño.
- Dicen que tú especie está en algunas piedras de esas milenarias, pero yo no he visto a ninguno.
- Si Teo, allí en Egipto, sobrevivir es duro, pero las correas no existen, y hay tanta mierda que nadie se preocupa por las vuestras.
- Me olvidaba Teo. Quería decirte que Egipto es el mundo de los olores. Allí creo que sentí un mundo paralelo al tuyo. En cada paso, un olor te conquista, de comida, de colonia, de mierda, de cuero, de orines, de incienso en la zona copta. Todo está en la calle y puedes caminar por ella con los ojos cerrados, oler y decir: Una taller de carpintería, un horno de tortas de pan, una tetería, una tienda de perfumes, un puesto de venta de gallinas vivas, En Egipto todo se huele. Teo ahora entiendo mejor tu mundo!!