miércoles, 10 de mayo de 2017

El parque de Monterols


Cada perro tiene su parque, que habitualmente está cerca de su casa. El parque de Teo es el parque de Monterols (Monterolas o Monteroles, también llamado Turó d'en Gil), desde casa en apenas 3 minutos de subida estamos dentro.
El parque está escondido entre las calles Muntaner y Balmes, justo por debajo de General Mitre. (Barcelona)
Si no lo buscas no lo encuentras. Es pequeño. Situado en lo alto de un "turo"(colina) a 127 m. por encima del nivel del mar. Forma un cuadrado de unos 150 m. de lado. Lo rodean multitud de edificios, que a modo de muro, aíslan el parque del resto de la ciudad, haciendo de este pequeño y frondoso bosque una isla de silencio milagroso. En la parte más alta del parque, hay una pequeña zona plana con bancos, desde donde se puede observar un trozo de ciudad y de mar; yo llamo a esta placita: "Trocito de mar". Precisamente esta zona plana en su cima puede ser el origen de su nombre, ya que "erol", o "eroles" significa "era" en catalán. (zona plana de trabajo)

En 1940, el ayuntamiento de Barcelona compró la finca a la familia Gil.
Esta Familia disponía de una casa con jardín y bosque. La casa o torre estaba en la ladera de Balmes. La colina con el bosque ya existía, y disponia de un pequeño huerto al lado de la casa. Le llegaba agua de la fuente de la "Tamarita" y se almacenaba en un gran depósito situado debajo de "la torre".

La Torre junto con el terreno fue adquirida por la familia Pere Gil en el año 1833 y fue usaba como lugar de ocio o para reuniones sociales a las que solía acudir el general Prim.

La familia Gil proviene de Tarragona: Pere Gil i Babot nacido en 1793, fue comerciante, banquero y empresario ligado al mercado de esclavos a través de una amplia flota de barcos. Fue el precursor de la "Societat Catalana per a l’Enllumenat per Gas" constituida en 1943, que posteriormente fue Gas natural. Fue también un gran coleccionista de arte, cuyas obras (Velazquez, Zurbarán, Tintoretto...) están en el MNAC.
Posteriormente su hijo Pau, hizo servir parte de su fortuna para construir el hospital de Sant Pau.
Fue otro de sus hijos Leopoldo Gil quien prestó atención al espacio de Monterols, reformando la casa, adecuando caminos, construyendo un lago y romantizando el entorno. En esa época todavía se podía observar toda la ciudad desde la colina. Parte de aquellos caminos se mantienen hoy en día. La última remodelación del parque la realizó el ayuntamiento en el año 2005.

Sin Teo, no sabría nada de este parque, al que solo había acudido de manera puntual con los niños hace ya muchos años. Teo pasea hoy mi curiosidad, eso hizó que llegará al blog de Alexandre Grimal Navarro. Alexandre también paseaba en este parque a su perro Chuchín. Pintor y experto en arte rupestre se adentró por curiosidad en varios archivos y entrevistó a la hija de la ultima propietaria de este parque, dejando mucha de esta información en su blog.

El parque, como dije, es un remanso de tranquilidad, solo se oyen los pájaros y los gritos de los niños de la escuela Mary Ward si coincide la hora del patio. El murmullo de la ciudad apenas molesta.
Aquí la mayoría de paseantes van acompañados de su perro. Pese a disponer de dos zonas de columpios, acuden pocas familias con niños porque no es fácil el acceso con cochecitos.
Dispone de un camino circular de unos 350 m. de tierra que recorre el contorno exterior del parque desde donde se observan las ventanas de los edificios circundantes. 
Las tardes oscuras del invierno me convierten en un indiscreto paseante atraído por las luces que muestran el interior de cada ventanal. La zona superior del parque, no está iluminada y en noches de luna paseo viendo mi sombra. Esa oscuridad, casi siempre acompañada de soledad convierten el paseo de Teo en un paseo mágico.

El parque dispone de 5 fuentes, y un pipican donde también hay otro surtidor para que beban los perros. La zona de pipican en agradable, amplia y arbolada, pero son muchos los propietarios que aprovechan el paseo para dar vueltas por el camino circular del parque.
Los jardineros del parque son siempre los mismos, y con algunos el saludo es ya obligado. 

Hay muchos arboles y arbustos, abundando algarrobos, encinas, alcornoques y pinos muy altos. Pese a ser pequeño, su topografía y su denso arbolado conforman múltiples espacios donde en un mismo momento nacen distintas historias que no se ven unas a otras. Familias, adolescentes fumando cigarros o porros, alguna pareja, jóvenes jugando a básquet, algún lector despistado, sin techos que se acomodan entre matorrales, trabajadores que despachan el taper en un banco al sol o a la sombra... muchos, muchos paseantes de perros... y yo con Teo, caminando por el parque, me asomo a cada historia haciéndome, a veces, partícipe de alguna de ellas.


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